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A concentrarse tocan, ¿para cuando en el seguro?

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Escribe: Pedro Mier, profesor de la Universidad de Euskadi.

En un año y medio, las Cajas de Ahorro, uno de los actores principales del Sistema Financiero español,  han pasado de45 a15 y cuando algunos creían casi finalizado el proceso de reestructuración para la transformación de las Cajas, se inicia la segunda ronda a la búsqueda de mejorar la solvencia, promover el crédito que era parte del negocio para el que se fundaron y restablecer la credibilidad en una parte importante del Sistema. Posiblemente serán 10 las que subsistan.

Por ello, cuando se observan estos datos en las Cajas y a la vez el proceso de recapitalización de algunos Bancos y de fusión en otros, la pregunta es clara:

¿Para cuando en el Seguro, que es otro de los actores del Sistema? : Y es que, desde la segunda mitad de los ochenta, hace ya prácticamente un cuarto de siglo, las exigencias de capital de las aseguradoras se mantienen en las mismas cifras y sin ser esto lo fundamental, desde el punto de vista de garantizar la solvencia, si lo es desde la necesaria apuesta que el capital privado hace de una forma de negocio y el riesgo de pérdida que debe asumir y que puede entrañar una mala gestión y, consecuentemente debería obligar a ser cauteloso y profesional en la misma. A fin de cuentas uno puede ser responsable por acción o por omisión.

Y si sobraban tantas cajas y algunos bancos, que nos sugiere el cuadro de la evolución de la oferta en el Sector Asegurador:

Evolución de Entidades Aseguradoras y Primas

 

 En mi caso, lo mismo que a comienzo de los ochenta donde había un consenso generalizado sobre la atomización y minifundismo del mercado asegurador desde la perspectiva de la oferta (aseguradoras), ya que, si bien es constatable un cierto avance en la concentración, vemos que las primeras 50 entidades copan ahora un 84 % de cuota de mercado y, hay más de 200 que superviven con el 16 % del negocio lo que supone de media menos del 0,08 % de recaudación por entidad o lo que es lo mismo menos de 50 millones de euros, cifras que casi con toda seguridad les impiden acometer procesos de mejora en la gestión, les impiden invertir en I + D + i y les obliga a competir en los límites técnicos y a vivir de la trashumancia de contratos, lo que a fin de cuentas genera costes añadidos desde el punto de vista sectorial. Y ya se, que puedes supervivir siendo el mejor tendero del barrio frente a los hipermercados y grandes superficies, pero en que condiciones y con que valor añadido??. Por cierto, los estudios sobre el seguro europeo realizados a inicios de los 90 no alcanzaban a ver supervivir más de 70 actores de cierto peso en el seguro español.

Por aquel entonces, se apuntaban como origen de los males de atomización y minifundismo: (1) la singularidad del negocio que parte de la inversión del proceso productivo, o sea, que primero se cobra y luego se fabrica, lo que permite trabajar con fondos propios bajos salvo que se impongan por el legislador, (2) la estrechez de miras empresariales y el temor a perder el poder, (3) la falta de visión estratégica;  (4) la escasa vigilancia y control y, finalmente (5) el inadecuado desarrollo legislativo.

Cuando leo ahora que, por parte de algunos asesores de los gobiernos de turno, se sigue indicando, que son estos males (estrechez de miras, temor a perder el poder y seguramente las prebendas que otorga el mismo y falta de visión estratégica a los que añadiríamos en las cajas los desencuentros políticos), los que se achacan a algunos de los gestores de las cajas y bancos que mayores problemas han acumulado y mayores reticencias han planteado a los procesos de concentración desde dentro; interpreto que seguramente esto mismo sigue sucediendo también en el seguro y que si, frente a esta situación en Cajas y Bancos, la Administración consciente de la situación de insolvencia en la que estaban; por mucho que durante meses se nos vendiera la fortaleza del Sistema en su conjunto, se ha visto obligada a intervenir y forzar el proceso, seguramente algo similar será necesario para el seguro.

Por otro lado:  La Nota informativa del Banco de España de 21 de Julio de 2011, sobre el estado de ejecución del RD-ley 2/2011 de recapitalización, recogía que uno de los objetivos del legislador, al forzar el proceso, había sido el de “reducir al máximo la carga sobre el contribuyente español lo cual, además de propiciar integraciones que redujeran la costosa liquidación de las entidades más débiles, llevó también a renunciar a modelos utilizados en otros países que consistían en una rápida e ingente inyección de capital público en las entidades”. 

Es cuando menos curioso que, a la hora de abordar los procesos de reconversión de los distintos actores del Sistema Financiero, la preocupación de la Administración se manifieste en muchos casos de puertas para afuera (o sea para la opinión pública) con el típico mensaje de que no cueste dinero público; cuando todos sabemos que cuesta, bien porque detrás existen créditos bonificados cuyos diferenciales los pagamos entre todos, porque les damos dinero desde los bancos centrales a bajo coste para que nos lo presten con un buen margen de intermediación y las ganancias obtenidas contribuyan a mejorar su balance sin un “mínimo esfuerzo” de gestión o porque finalmente tengamos que asumir las pérdidas fruto de la mala gestión de sus directivos mediante los diferentes Fondos de Reestructuración o como queramos llamarles habilitados para el caso, ya que, justifican la intervención o las ayudas en base a que la caída de alguno de los intermediarios generaría una grave crisis de confianza en el Sistema en su conjunto.  Ejemplos a montón y en todos los países.

Mas tarde algo puede que recuperemos, en la venta de las intervenidas, si somos capaces de reflotarlas mediante el encargo a los administradores públicos (véase el caso AIG en EE.UU.), porque cuando la tarea se encarga a otros intermediarios del Sistema, se supone que con mayor expertise en la gestión se las vendemos a precios simbólicos (pongamos 1 euro) y además asumimos que si hay más porquería también nos la quedamos.

A fin de cuentas y si, en el proceso de vigilancia que se supone corresponde realizar sistemáticamente a los órganos de intervención del Estado en el Sistema Financiero, no hemos sido capaces de detectar la mala gestión empresarial, hasta que la Entidad ya no es solvente, ni tampoco hemos sido capaces de frenar el que algunos de los avariciosos gestores responsables de la misma se aseguren sustanciosos salarios e inmorales pensiones; porque no vamos a tener que pagar nuestra ineficacia con nuestro dinero “si además este es público”.

Recuerdan lo que les decía líneas atrás sobre la escasa vigilancia y control y sobre el inadecuado desarrollo legislativo, pues eso, que es difícil que un animal tropiece dos veces en la misma piedra pero por lo que se ve es fácil que eso suceda en los humanos y sobre todo, cuando al menos en estos apartados parece que nadie les exige responsabilidades a quienes tienen el encargo y no realizan el trabajo encomendado. Ya encargaremos la reestructuración al Consorcio (CLEA) que eso lo pagamos entre todos.

En el próximo documento hablaremos de los mediadores, porque si son muchos los aseguradores, que opinan ustedes de que en este país y según la Dirección General de Seguros, tengamos registrados mas de 100.000 contratos de agente y que más de 90.000 aporten negocio anualmente, que a la fuerza en algunos es escaso porque contando niños y ancianos, personas con  recursos y sin recursos, les toca mediar en los seguros de 500 personas físicas y, además muy centrados en no vida donde las previsiones de crecimiento son menores y donde acumulan además el 40 % de las primas intermediadas en autos, ramo en el que la fidelidad es muy dependiente del precio.

Por no citar a los corredores, que aun siendo menos en número concentran también el 38 % de su cartera en autos, lo que no parece se corresponda con el tipo de negocio especializado al que se supone orientan su actividad profesional, ya que, que autos es precisamente uno de los negocios más estandarizados y en el que las “low cost” impondrán muchas de sus reglas.

Recuperemos por tanto la misión para la que existimos, recuperemos la estrategia y olvidémonos de la estrechez de miras empresariales y del temor a perder el poder, si tenemos que perderlo por nuestra mala
gestión o nuestra falta de visión.

 

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