IWC19-01
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Las nuevas tecnologías y los retos para la identidad personal

Las nuevas tecnologías y los retos para la identidad personal

IWC2018

Sobre el autor

Joan Cornet i Prat, Ex Director del mHealth Mobile World Capital, Director of European Connected Health Alliance BCN HUB

Introducción

Casualmente encuentro una foto de mi equipo de fútbol cuando yo tenía unos 12 años. Aparte de la nostalgia, me pregunto como soy el mismo, habiendo cambiando tanto físicamente como personalmente a lo largo de los años. Mi identidad, mi “self” está en las coordenadas del tiempo y del espacio. La foto tiene su fecha y el espacio es el campo de fútbol. Además, esta foto evoca una serie de recuerdos vinculados a este evento. Otro día encuentro en un mercado de segunda mano unas cajas con fotos. Las miro y no me evocan nada. Su tiempo y espacio no me interesan. Son personas anónimas para mí.

Los humanos necesitamos una identidad personal. Cada uno a su manera tenemos una identidad. Un fenómeno complejo que nos distingue de todos los demás mamíferos. Si bien mis dos perros tienen nombre y cuando los llamo incluso me hacen caso, no tienen identidad. Se puede ser perro sin tener nombre. El caso es que la identidad es un fenómeno reciente. Durante miles de años la masa era lo que era preponderante. Hay quien afirma que la identidad comienza debido a imperativos económicos, desde las herencias, hasta la necesidad de saber cuáles son los pobres que se desplazan de ciudad en ciudad, y por supuesto los que nacen y los que se mueren. La individualidad nace a la sombra de la administración y en especial del estado.

Hay una identidad mía ( self), que yo no controlo totalmente, es inconsciente, mi cuerpo que es el que es y funciona de forma autónoma, mediante mi fisiología, mis hormonas o la bioquímica de mi cerebro. También vivencias que ya no están en mi memoria activa. Hay otra identidad mía que es totalmente subjetiva, me creo que soy de una manera determinada, seguramente me engaño a mi mismo con pensar que tengo más talento y más habilidades de las que realmente tengo. Es así. Otra identidad es como los demás me perciben, que a su vez las intuyo y que raramente confirmo, por temor o por ignorancia. Otra identidad es lo yo querría ser. Estas identidades convergen y divergen depende de los momentos o etapas de mi vida. Sin lugar a dudas mis identidades se relacionan de forma diversa con mi entorno. Cuando soy espectador de un partido de fútbol, estoy con mi equipo profesional, o mi esposa y yo hacemos una escapada un fin de semana mi self se despliega de formas diferentes . Soy el mismo, pero mi identidad es una trama con mi entorno. Es una red dinámica y con un feed-back permanente. Cuando en una persona este sistema dinámico se bloquea, pueden aparecer trastornos mentales pasajeros o permanentes.

Los retos de las nuevas tecnologías en la identidad personal.

En las últimas décadas, la omnipresencia de las tecnologías de la información y de la comunicación y la digitalización junto con el creciente desarrollo de la biotecnología, y la automatización y la robótica, en nuestra sociedad, comportan un impacto directo en nuestra identidad ( self) de la que aún desconocemos su alcance. En especial cuando el ecosistema personal que tiene unas dimensiones de espacio y tiempo totalmente diferentes a los que la humanidad ha tenido durante miles de años, sobre todo cuando el mundo de la virtualidad nos estalla en las manos y que los cambios vertiginosos en nuestra sociedad nos llevan a un cierto delirio del yo.

Debemos tener en cuenta que la creación de la identidad personal surge cuando hay una “salida del yo habitual” por la imagen o por la emoción, para inventarse un mismo. Es acción. Es un esfuerzo para restaurar la autoestima y para alcanzar un cierto reconocimiento social. Si no hay autoestima se puede caer en la depresión, si no hay reconocimiento social, surge la irritación, la cólera y la desesperación de uno mismo. El drama es que la invención de uno mismo para el imaginario es un lujo que no todos pueden alcanzar.

La identidad es un elemento clave en nuestras actividades humanas. Las amenazas a nuestra identidad, sea por hackers o por errores humanos nos pueden desestabilizar. Múltiples episodios de “robo” de datos nos crean inseguridad y sentimiento de impotencia. A su vez las tecnologías nos permiten utilizar diferentes identidades en diferentes contextos. El problema surge cuando nos perdemos en estas múltiples identidades y no sabemos realmente quienes somos. Casos de bullying o “sexting” pueden traumatizar por largos períodos. También las dificultades en “ borrar” nuestras actividades online, crean distorsiones en nuestra imagen exterior con impacto en la nuestra propia percepción y autoestima.

Mundos Virtuales y Realidad aumentada.

Para unas generaciones anteriores, el mundo se divide en real y virtual, en las nuevas generaciones sólo existe un mundo en que lo virtual y lo real se mezclan sin demasiadas distinciones. El incremento exponencial de juegos online, los espacios sociales virtuales y la rápida circulación de nuestra información por las redes sociales, están cambiando la percepción de nosotros mismos y a menudo una extrema dependencia de las respuestas de los demás, midiendo nuestra realidad con el número de veces “me gusta” o comentarios positivos. Si sucede lo contrario aumenta mi inseguridad. En especial el espacio del yo reflexivo empequeñece y se sustituye por la opinión de los demás.

Estamos ante el fenómeno que los expertos denominan “la generación que consigue con las tecnologías “nunca estar solo, nunca perderse, nunca olvidar “, con una conectividad permanente que genera el “ exoself” que necesita compartir instantáneamente cualquier vivencia o evento con los demás, sin tener tiempo para analizar y profundizar.

Identidad y privacidad.

Nuestras múltiples actividades físicas o virtuales generan un gran número de datos, desde la compra en el super, las compras online, el uso del correo electrónico, nuestra comunicación por las redes sociales, etc. Junto con nuestra facilidad en aceptar cualquier texto legal que aparece en la ventana de nuestros dispositivos electrónicos, hacen fácil una trazabilidad que en cierta forma define cómo nos comportamos. Los progresos del “ Learning machine” permite una trazabilidad de nuestras actividades de aprendizaje, el uso de los Smart Watches facilita la trazabilidad de nuestra actividad física y parte de nuestros datos vitales.

La medicina y la salud personalizada no solo tratan sobre la salud sino también sobre la expresión de las identidades sociales. Esta función es cada vez más prominente a medida que van creciendo los procesos preventivos, diagnósticos y la mejora de la medicina de precisión. Comer saludablemente y hacer ejercicio, o no, son decisiones que las personas tomamos no solo por sus efectos en la salud sino también para mantener una cierta identidad social. La medicina de diagnóstico (y la genómica) está expandiendo la medicalización del concepto del yo. La medicina también se va enfocando cada vez más en la identidad social y la expresión de nuestra personalidad.

Robótica, Big Data y Inteligencia Artificial llaman la puerta de nuestra identidad personal.

Quizás sería más adecuado decir que tiran la puerta al suelo. Ya están en nuestras vidas de una forma u otra. Su crecimiento es exponencial, y nuestra percepción cotidiana es insignificante. En realidad, su impacto es más complejo, ya que supone una serie de cambios que van afectar nuestra identidad de una forma u otra. Más allá de previsiones catastróficas, sin más base que la intuición a menudo, lo cierto es que a medida que el mundo del trabajo se automatiza, existe una sensación de que nuestro trabajo como humanos va a sufrir cambios notables en las próximas décadas. Durante miles de años, los humanos hemos basado nuestra identidad en buena parte en nuestro rol en el ejercicio de un trabajo, sea en la caza, la agricultura, la industria o en los servicios y las artes. El concepto del trabajo va a modificarse paulatinamente, pero de forma irreversible. La cuestión es cómo nos preparamos para afrontar este nuevo paradigma, así como el manejo del Big Data y la Inteligencia Artificial en la vida cotidiana, sea para saber cómo proteger nuestra identidad personal, o mejor todavía como aprovechamos estas tecnologías para estructurar mejor nuestra identidad y disponer de una mejor calidad de vida.

Una mención aparte es lo que denominamos human cyborgs. Aunque exista mucha fantasía, lo cierto es que ya en la actualidad, numerosas partes de nuestro cuerpo pueden ser reemplazadas y funciones de nuestros órganos pueden ser externalizadas o incorporadas. El trasplante de órganos son ya un clásico , las prótesis, la bomba de insulina, la hemodiálisis, la mejora de la visión con chips implantados en el cerebro, o el exoesqueleto para pacientes con lesiones modulares, con unos ejemplos. En el futuro cercano habrá más tecnologías que permitirán mejorar determinadas limitaciones físicas mediante chips integrados en el cuerpo o elementos nanotecnológicos que podrán circular por nuestro cuerpo informando del estado de determinados procesos fisiológicos.

No obstante, el reto no es tanto en el ámbito “corporal” sino en las sustancias químicas que pueden aumentar nuestra capacidad de procesar información, nuestra memoria o el disminuir nuestra necesidad de dormir en otros. El problema que se plantea es si es ético o lícito que sustancias o moléculas que pueden mejorar una determinada enfermedad neurológica, puedan ser usados en individuos “ normales” que desean mejorar sus capacidades cognitivas.

Todo ello supone un dilema a nivel de identidad personal. ¿Hasta que punto los cambios físicos o los “ potenciadores” cognitivos pueden alterar nuestra identidad personal?

Vivimos en una sociedad multigeneracional con una alta expectación de vida.

Una vida útil más larga conduce a cambios en la forma en que las personas consideran su identidad como personas de edad, así como una mayor diversidad en la forma en que se gestionan los aspectos de identidad relacionados con la edad y en expectativas culturales Los conflictos intergeneracionales pueden estallar si las instituciones y las normas sociales no se adaptan a una sociedad generacional, cultural y tecnológicamente diversa.

Las nuevas tecnologías pueden acentuar la vulnerabilidad de ciertos grupos: personas que están fuera de los sistemas de identidad, personas que necesitan ciertas formas de privacidad, personas incapaces de manejar la creciente complejidad de la identidad, personas que son víctimas de robo de identidad y personas con reputaciones persistentemente arruinadas. Desarrollar métodos para la rehabilitación de identidades podría ser importante para reducir el riesgo de grupos vulnerables.

A modo de conclusión.

La humanidad lleva miles de años evolucionando, lentamente o de forma frenética en los últimos dos siglos. Estoy convencido que se abre un brillante futuro con las nuevas tecnologías, siempre que seamos capaces de hacer frente a una serie de retos, algunos de ellos planteados de forma somera en este artículo. Para ello necesitamos modernizar nuestras estructuras de gobernanza. Desde las locales a las globales e internacionales. Estamos utilizando estructuras de gobierno que están oxidadas, que ignoran la complejidad de la realidad y que tienen dificultades enormes en preparar estrategias y acciones necesarias a diez o veinte años vista. Las amenazas y los retos a nuestra identidad personal no son problemas tecnológicos, son problemas políticos.

Notas del autor.

En psicología, la identidad personal está vinculada a nuestra experiencia de ser alguien (un “yo central”) y nuestro sentido de ser una persona en particular con un pasado, futuro y varios atributos (un “yo narrativo”). La identidad narrativa es construida gradualmente a lo largo de la vida y juega un papel importante tanto para vivir una vida significativa y encajar en un contexto social. Ambos tipos de yo pueden verse afectados o modificados de diferentes maneras: meditación, ciertas drogas y el delirio de Cotard (1) puede cambiar el sentido del yo central, mientras que la amnesia y los recuerdos falsos pueden transformar el Yo narrativo. La modificación deliberada del yo, utilizando medios internos y externos es una parte importante de la vida humana y adapta las nuevas tecnologías rápidamente (2). De hecho, a menudo puede ser un impulsor de nuevas tecnologías: cosméticos, cirugía plástica, redes sociales, etc.

La identidad psicológica se complementa con la identidad social. La identidad social involucra aspectos como los diferentes las personas (roles sociales) que toman las personas en diferentes contextos, cómo las personas se identifican con las identidades grupales (también como identidades sexuales, de género y culturales) y cómo se usan en diversas formas de expresión y afiliación.

La gente mantiene una rica estructura de identidades sociales, a menudo manteniéndolas separadas. Cada una de estas identidades tiene atributos, roles y normas dentro de sus contextos sociales (3).

1 . Un raro trastorno neuropsiquiátrico donde la persona afectada cree que está muerta o que no existe.

2 Robert J. Weber, The Created Self, W.W. Norton & Company, 2001.

3 Helen Nissenbaum, Privacy in Context: Technology, Policy, and the Integrity of Social Life. Stanford University Press, 2009, p. 132

Acerca del autor

Somos una Empresa de comunicación y gestión del conocimiento asegurador en RED dirigida a las empresas y profesionales iberoamericanos, especializada en Comunicación Corporativa, Gestión del Conocimiento, Consultoría Estratégica y Eventos para la Industria Aseguradora.

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