IWC19-01
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Discapacidad y trabajo

Discapacidad y trabajo

Tienes un hijo con discapacidad. U otro familiar directo. O no. O… aún no. ¿Quién sabe lo que va a depararnos la vida?

Pero intenta colocarte en esa tesitura, por favor. Quiero que te pongas -en la medida en que puedas…- “en esos zapatos”.

No dudo, en modo alguno, de tu buen sentido ni de tu sensibilidad: con hijo o sin él, tienes más claro que el agua que todo chaval necesita una oportunidad de cara a su pleno desarrollo. Y tiene derecho a que la vida se la dé. Anda, sustitúyeme “vida” por “sociedad”; o sea, nosotros. En la “sociedad”, además, incluye a las “instituciones” que nos representan, y entre éstas las que aprobaron nuestra Constitución, con sus arts. 14, 27, 35, etc.

Hablamos de discapacidad. Pero no olvides que la capacidad que tiene el ser humano de aprender, de crecer, de superarse, siempre acaba asombrándonos.

En ocasiones, desgraciadamente, infravaloramos algunas posibilidades. O… las posibilidades de algunos.

Imaginamos límites que luego resulta que no lo han sido. Recuerda aquella frase: Lo conseguimos porque no sabíamos que era imposible.

Tenemos que posibilitar la formación de todas las personas en igualdad de oportunidades

Aunque hoy hablamos de Educación y discapacidad no voy a traerte a colación la historia de Xabier, ese chico cuya ceguera no le impidió triunfar en la universidad. Ya te la conté en Dame tres minutos. Concretamente, aquí. Tampoco me extenderé con la de Julio David, joven con sordomudez, recién licenciado en Informática y Medios Audiovisuales (aquí venía publicada estos días). Ni hablaremos de Pablo Pineda, a quien seguramente conoces. ¿Te interesa escucharle? Haz clic en el enlace.

No. Otro día abordaremos universidad e inclusión.

Hoy quiero hablarte de las oportunidades que debemos brindar desde la Formación Profesional a las personas con discapacidad.

Pretendo ayudar a que abramos más, y aún a más personas, las puertas de la FP, si ese es su camino. Sean cuales sean sus circunstancias individuales, su diversidad.

Hay razones objetivas por las que llevar a cabo una decidida apuesta por la Formación Profesional:

  • Ciclos más cortos
  • Ratios más reducidas
  • Enseñanza más práctica e individualizada
  • Grados “escalonados” o diversos
  • Amplio abanico de oferta formativa
  • Posibilidad de seguir estudiando
  • Mayor demanda para determinados puestos
  • Niveles de empleabilidad

Es imprescindible que esa apuesta se lleve a cabo mediante políticas de inclusión.

De manera que, desde la equidad y la igualdad de oportunidades, demos también alas a quienes, con más tiempo, con otros apoyos, con otros métodos, con otros recursos, pueden sacar -como merecen- lo mejor de sí. En beneficio de propios y extraños. Es su derecho. Y aquí, te lo aseguro, hay camino por recorrer.

No podemos añadir a la barrera que la discapacidad puede suponerles para lograr un puesto de trabajo, otra más: la de una falta de formación adecuada que debía haberse ofertado y podía haberse adquirido para compensar o contrarrestar aquella discapacidad de inicio con nuevas capacidades o capacitaciones.

Siempre es compleja -más para las personas con discapacidad o con cualesquiera necesidades educativas especiales- la obtención de un puesto de trabajo, para el que es necesario formarse.

Pero es vital:

  • No se trata solo, que también, de lo que un empleo aporta
  • Piensa en la inclusión social que propicia.
  • En lo que añade en el ámbito del reconocimiento, de la valoración (empezando, si quieres, por la propia: esa que llamamos autoestima).
  • Con un empleo -y más en esas circunstancias- se favorece especialmente, además, el grado de autonomía de quien lo alcanza.
  • Además de propiciar que cada persona pueda tender a la excelencia; que no es otra cosa que sacar de cada uno la mejor versión. No se trata de ser mejor que otros, se trata de ser mejor que ayer.

Lo resumo en tres palabras: formación es capacitación.

Sintámonos felices -no autocomplacientes- cada vez que logramos, a través de la FP en este caso, colocar en una posición de competencia a un potencial profesional que carece en otros ámbitos de determinada capacidad.

Queda camino por avanzar en la mejora del tratamiento del alumnado con discapacidad, de aquel con trastornos de aprendizaje y de conducta, de -en fin- quien tiene necesidades educativas especiales. ¡Vamos a por ello!

Acabo con un abrazo que sé te gustará. ¡Qué digo gustará! Seguro que te alimenta. Y hasta te sabe a poco…

Si lo deseas, difunde el post. Harás bien.

José iribasSobre el autor: José Iribas Sánchez de Boado Abogado, de Tafalla, Navarra, nacido en el año 1961, casado y con cinco hijos. Licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra, ha cursado el Programa de Alta Dirección de Empresas (PADE) del IESE de la Universidad de Navarra y el Programa Ejecutivo de Gestión del Instituto de Empresa. Ejerció como abogado entre 1985 y 2008 y fue concejal en Pamplona y alcalde de Tafalla, Consejero de Educación del Gobierno de Navarra de 2011 a 2015. Senador entre 1989 y 2008. Miembro de la Asociación Educación Abierta, comprometido con el servicio a la sociedad, considero a la familia y la educación sus pilares básicos. En la actualidad es Director de Expansión Académica de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y Secretario de la Fundación Ciudadanía y Valores (FUNCIVA).

 

Acerca del autor

Somos una Empresa de comunicación y gestión del conocimiento asegurador en RED dirigida a las empresas y profesionales iberoamericanos, especializada en Comunicación Corporativa, Gestión del Conocimiento, Consultoría Estratégica y Eventos para la Industria Aseguradora.

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