IWC19-01
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YA VIENE EL VERANO. INQUIETOS SUEÑOS ESTIVALES

YA VIENE EL VERANO. INQUIETOS SUEÑOS ESTIVALES

 Escribe: Javier López

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Amigo Carlos. Hoy quiero comentarte que la proximidad del verano me vuelve soñador.

En la vida hay sueños, que como diría Borges, son inmarcesibles.

Sueños que viven con nosotros.

Dicen algunos psicólogos, que en el fondo, somos nuestra juventud. Que arrastramos, prendidos del alma, aquellos momentos de afirmación.

La madurez psicológica del personaje que interpretamos en la vida, naturalmente se va modelando por el paso de los años y por esa huella que los acontecimientos de cada día van labrando en nuestra personalidad.

Pero hay cosas de nuestra niñez, de nuestra adolescencia, que nos acompañan siempre.

Los sueños de juventud, los estímulos que nos implantaron aquellas lecturas excitantes que nos abrieron la mente, a paisajes, a gentes y mundos,- en una época en que nuestro horizonte era muy limitado-, siguen en algún rinconcito del corazón y con el paso de los                

años, poco o mucho, continúan vivos.

Nunca se marchitan

A mí, Carlos, te digo la verdad, me encanta descubrirlos, agazapados en mi subconsciente. Por eso, cuando el verano empieza a insinuarse, cuando en los árboles la flor le va cediendo el paso al jugoso fruto, y los coros de cigarras comienzan los ensayos, algo muy dentro de mí, produce un alegre cosquilleo y dispara mis alertas.

Con los años he aprendido a reconocer esa inquietud y para calmarla ya sé lo que tengo que hacer.

Simplemente la maleta, la mochila o la bolsa de viaje.

Puede que me venga a la cabeza La Isla del Tesoro, de Robert Louis Stevenson, con la posada y el pirata cojo, John Silver, “el Largo”, al que jamás he olvidado y entonces sueño con islas de playas blancas, con palmeras cocoteras, aguas azules y transparentes, con tesoros y con mapas marcados con una gran X.

O tal vez me asalte el recuerdo de Julio Verne y entonces estoy perdido, porque se me satura el disco duro de las ensoñaciones.

Son tantas las aventuras que vivimos con sus libros en las manos, que nos harían falta demasiados veranos. Una de las obras que a menudo me retorna es Viaje al centro de la Tierra. Entran por un volcán de nombre impronunciable en Islandia, pero salen por el Strómboli, en las islas Eólicas. Y siempre recuerdo a los protagonistas descendiendo chamuscados al encuentro del mar y de las viñas. Una vez lo viví a las 12 de la noche en la estrecha cima, contemplando, la caldera de lava hirviente a un lado y el reflejo de la luna en el Mediterráneo al otro. Noté el alma de Verne a mi lado y nos fundimos en un abrazo inolvidable.

Y cómo olvidarse de Moby-Dick, la novela de Herman Melville, con el enorme cachalote blanco, el capitán Ahab y el grito que nos helaba la sangre… ¡Por alliiií resooooooopla!

Cada vez que he tenido la suerte de ver alguna ballena, aunque no fuera ni albina, ni cachalote, he sentido la vieja emoción.

Los mares son buenos escenarios para recrear las sensaciones que nos dejaron, el Nautilus y el capitán Nemo o el anciano que nos donó Ernest Hemingway, el del El viejo y el mar.

Otro que siempre acude es Emilio Salgari, con sus novelas de aventuras en el sureste asiático y el famoso pirata Sandokán. Cuántas noches nos metimos en la cama con uno de sus libros en las manos, hasta que venía nuestra madre y enfadada nos apagaba la luz.

El poso que dejaron todas aquellas lecturas, las aventuras que vivimos a través de sus protagonistas, no han muerto, continúan acurrucadas en ese baúl de nuestra mente en el que hay cosas que ni sospechamos, pero que un buen día, despiertan y salen a la luz.  

Estas semanas han empezado a rondarme por la cabeza visiones de los vikingos subiendo con sus barcos por las aguas de los fiordos noruegos y las aventuras de Thor Heyerdahl buscando el rastro de una raza viajera que enseñó a otros pueblos la astronomía, la navegación en barcos de totora y a ensamblar las piedras en los muros ciclópeos de tal manera que no entre un cuchillo entre sus juntas y no precisen argamasa.

También me rondan atractivas imágenes de gentes y pueblos lejanos con culturas muy diferentes a las nuestras, y empiezo a notar que no duermo bien y doy vueltas en la cama, inquieto, impaciente.

Así que he tomado una decisión.

Carlos, me marcho.

Me voy de vacaciones. A ver si así recupero la paz interior y me reúno con mis viejas                                                                                               

fantasías. Ya sabes que una de las pocas ventajas que tenemos los jubilados es poder disponer de nuestro tiempo.

No te lo he comentado aún, pero este año, ha resultado ganador Marco Polo, el veneciano y parto a rememorar sus viajes por la Ruta de la Seda.

Voy pensando en recorrer los mercados de Samarcanda, aspirando el olor de los puestos de especias y empaparme  en la cultura de sus viejas ciudades, la Khiva medieval y Bukhara, recordando al filósofo Avicena y a Tamerlán, el guerrero legendario que dominó toda la región, lo que hoy es Uzbekistán y medio continente asiático.

Vendrán a mi memoria los viejos cuentos de Las Mil y Una Noches
y cuando me toque dormir en una yurta en las estepas desérticas del Kyzilkum, escucharé complacido a Scheherezade recitar para mí alguno de sus cuentos, mientras fumo una pipa a la luz de la hoguera, bajo el manto acogedor de las lejanas estrellas.

Hasta la vuelta, Carlos, cuídate y recibe como siempre, el mejor de mis abrazos.

Tu buen amigo

Javier

Acerca del autor

Especialista en modelos de distribución de seguros, fusiones y adquisiciones, socializador del conocimiento, Comunicador y conferenciante.Ex Consejero – Director General de AXA AURORA VIDA, Ex DG de AURORA, Ex Consejero de sociedades participadas del BBVA. Asesor de entidades aseguradoras en varios países europeos y de Corredurías internacionales.Licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto, Curso de Post grado en Dirección de empresas de UC Deusto.

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5 comentarios

  1. Pingback: Crónica desde Uzbekistan

  2. Emma

    Leyendo tu artículo me doy cuenta de que afortunadamente nos llega el verano y con él, las vacaciones, esa época maravillosa en la que el despertador, el reloj y el móvil, desaparecen de nuestras vidas. Podríamos decir, que dejamos de ser el conejo blanco de Alicia en el pais de la maravillas que decía: Llego tarde, llego tarde a una cita importante y podemos disfrutar sin prisa de todo lo que nos rodea.

    Por otro lado, leo el resto de comentarios, y me sorprende el de Camilo. No estoy de acuerdo en que los hombres sean “niños que ganan dinero”, más bien, yo diría “máquinas que ganan dinero”. El ser niño implica una carga de espontaneidad, creatividad y frescura, que desgraciadamente no veo en los hombres que me rodean. En cuanto a lo de las mujeres: “jefas de la manada” que actuamos como adultas casi desde la infancia, en fin. Es terrible, que desde Atapuerca hasta la actualidad la responsabilidad de la familia recaiga en nosotras de esa manera. El equipararnos laboralmente al hombre solo nos ha dado más trabajo, ya que hemos sumado el remunerado al no remunerado materialmente, pero sí de otros modos. Jefa de la manada es igual a: doctora que cura cuerpo y alma con besos mágicos, economista que adminstra el hogar, señora de la limpieza, profesora particular, cocinera, etc, todos estos trabajos salpicados de horas extras.Por suerte lo que no me hace compartir tu opinión es que el ser mujer responsable con amplia capacidad de trabajo no me quita en absoluto la capacidad de sorprenderme, de crear e innovar en mi trabajo y en mi casa y sentirme más viva que una niña, pero con experiencia. Es lo que se definiría como “Niña con años”

    Para terminar decir que a mi me gusta mucho De la tierra a la luna, pero lo de viajar al espacio, me parece que tendrá que esperar. Jajajajajaja

  3. txetxe

    No entiendo el comentario sobre las mujeres que hace el Sr. Camilo.
    La responsabilidad que nos presupone a las mujeres no hace que seamos sujetos sin inquietudes y ganas de conocer otras culturas. Y por el entorno que me rodea, somos las mujeres mil veces mas activas que los hombres, que suelen ir del trabajo al sofa pasando por la tele y poquito mas.
    Las mujeres sabemos lo que queremos y yo además tambien me voy a Samarcanda.

  4. Javier

    Me alegra saber, Camilo, que tu corazón rebosa de anhelos inoculados en la niñez. Antes o después salen a la luz y son secretas zanahorias que nos guían aiempre.
    En cuanto a las mujeres, no sé qué decirte. La mía por suerte me sigue siempre y es el mejor compañero de viaje que he tenido. Sirve hasta de freno a mis excesos.
    Gracias por tus buenos deseos.

  5. Camilo Alvarez

    Comparto tus evocadoras reflexiones Javier. Yo tambien opino que los hombres son (somos) en realidad “niños que ganan dinero” como decia Kenneth Branagh en “Los amigos de Peter”
    En este caso la afirmación no es extensiva a las mujeres, evidentemente “las jefas de la manada”
    que actúan como adultas casi desde la infancia .

    ¡Que disfrutes de ese maravilloso viaje¡

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