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Emprendimiento femenino, la gran asignatura pendiente de la sociedad

Emprendimiento femenino, la gran asignatura pendiente de la sociedad

Tontxu argazkia - lorea

Dr. Tontxu Campos,  Director de Deusto Entrepreneurship Center

El emprendimiento es mayoritariamente masculino en Estados Unidos, Europa, España y Euskadi, lo cual nos da idea del gran reto al que nos enfrentamos.

Así, el estudio Global Entrepreneurship Monitor (GEM) referido al año  2013 (el último del que se ha publicado un informe ejecutivo), elaborado por  Orkestra-el Instituto Vasco de Competitividad de la Universidad de Deusto, nos indica que el perfil del emprendedor en la Comunidad Autónoma del País Vasco es un varón de entre 35 y 45 años, con un nivel alto de formación. Si bien los datos parecen mejorar con los años, el informe indica que la actividad emprendedora de las mujeres está por debajo de la de los hombres, tanto en el caso de personas emprendedoras con empresas de menos de 42 meses (mujeres=44%) como entre las personas emprendedoras con empresas consolidadas (m=48%) o en el caso de las personas emprendedoras potenciales (m=46%). Este informe nos proporciona algún dato adicional:

  • Casi el mismo porcentaje de mujeres y hombres (85% y 88%, respectivamente) considera que cuenta con las habilidades necesarias para la creación de una nueva empresa.
  • La edad media de las emprendedoras (38 años) es menor que la de los emprendedores (41 años).
  • El 81% de las mujeres emprende por oportunidad frente al 67% de los hombres.
  • Las mujeres emprendedoras parecen competir en sectores con bajo nivel tecnológico en comparación con los hombres.
  • Asimismo, entre el colectivo emprendedor, el 39% de los hombres dicen tener miedo al fracaso frente al 62% de las mujeres.
  • En este mismo colectivo emprendedor, el 77% de las mujeres dice conocer a otras personas emprendedoras frente al 58% de los hombres.
  • Y otro aspecto que me parece adecuado citar, es que el apoyo a la mujer como condición de entorno en este contexto de fomento del emprendimiento recibe una valoración de 3,17 sobre 5, ligeramente superior a lo que se da en España.

En un Informe internacional especial sobre emprendimiento femenino (promovido dentro de la iniciativa GEM) elaborado en el año 2015 (con datos de 2013 y 2014) se ofrecen para las economías desarrolladas (“efficiency-driven” e “innovation-driven”, en terminología GEM) resultados similares a los anteriores. El estudio ofrece un panorama muy completo que no puedo resumir aquí; si debiera señalar otra conclusión del mimso sería que las altas tasas de emprendimiento femenino se asociarían a la probabilidad de que las mujeres conozcan a otras personas emprendedoras.

En los años 2011 y 2012, gracias al convenio suscrito con la Diputación Foral de Bizkaia, hicimos una encuesta al alumnado de primer y último curso de la Universidad de Deusto obteniendo la opinión de más de 1000 jóvenes.

Utilizamos la Teoría de la Acción Planificada de Ajzen que viene a defender que para que un comportamiento se dé, debe encontrarse una actitud favorable, una norma subjetiva que lo apoye y una alta dosis de autoeficacia entre los potenciales protagonistas.

El primer comentario que debo realizar es que es que los jóvenes de Deusto no desean ser “funcionarios” (figura a la que yo respeto mucho, por cierto), valorando más trabajar por cuenta ajena o crear su propia empresa. Sin embargo, las mujeres valoraban en menor manera que los hombres crear la propia empresa y lo contrario sucedía en cuanto a trabajar en la Administración Pública o en una ONG.

Así mismo, los estudiantes valoraron positivamente la norma subjetiva, es decir el apoyo de la familia y su entorno de referencia, para emprender y en este apartado tampoco encontramos diferencias significativas entre mujeres y hombres.

Sí encontramos diferencia en lo que a autoeficacia suponía,  el sentimiento de que las personas pueden poner en marcha el comportamiento estudiado, crear una empresa, a favor de los hombres: los chicos se sentían más “capaces/más eficaces” que las chicas. Lo cual podría estar ligado al mayor miedo al fracaso que recogía el Informe GEM.

No parece haber, por tanto, ningún problema de naturaleza objetiva en la explicación de las diferencias de comportamiento en el campo emprendedor, entre hombres y mujeres, mientras que sí existen algunos de naturaleza más subjetiva.

La solución no debe ser fácil cuando los programas de apoyo al emprendimiento femenino (mayoritariamente, públicos) no están dando sus frutos (al menos, los deseados).

A menudo, para explicar la discriminación que sufren las mujeres en el ámbito laboral utilizamos la expresión “techo de cristal” y, además, aducimos la maternidad y/o la no conciliación laboral. No sé si el mayor miedo al fracaso o el menor sentimiento de autoeficacia pueden explicarse en estos mismos términos o hay razones más profundas (que incluso pueden explicar las anteriores).

En este sentido, me parece que estas dos carencias serían explicadas por los roles que, consciente o inconscientemente, la sociedad sigue asignando a las mujeres y a los hombres; “detrás de un gran hombre, hay siempre una gran mujer” oímos a menudo, así que, hasta en el lenguaje, a los hombres se nos asigna el liderazgo y a las mujeres el apoyo a ese liderazgo.

Seguro que el orden de los factores tampoco altera el resultado del producto, así que los lectores pueden empezar a trabajar por dónde lo consideren más efectivo;  sí tengo claro que las familias son el núcleo fundamental de referencia para que estos estereotipos desaparezcan: “hija, tú puedes”; la educación debe contribuir a consolidar el mensaje familiar y los medios de comunicación deben trasladar mensajes “paritarios” (si solo se habla de hombres emprendedores o si a la hora de hablar del emprendimiento, solo se ilustra con hombres,…).

De hecho, con esta base, creo que para impulsar entre las mujeres el comportamiento emprendedor ayudaría mucho, no solo animarlas, darlas “un empujoncito”, sino que sería conveniente visibilizar los casos de emprendedoras.  Ofrecer “role models”, otras mujeres que sean sus ejemplos de referencia, me parece que sería muy útil para reducir la tasa de miedo al fracaso o la de autoeficacia, al menos, a los ratios masculinos.

Muchas veces se habla de acuerdos para resolver los grandes problemas de la sociedad; en este caso, necesitaríamos la complicidad de todos: familias, gobiernos, organizaciones sociales y empresariales para romper algunos mitos/tabúes que alumbre una nueva sociedad en la que la personas, hombres y mujeres, actúen con libertad y no condicionadas por estereotipos. Iniciativas como las que posibilitan este artículo son algunos pasos necesarios en la dirección adecuada. Espero y deseo que conciten muchos cómplices más en el futuro.

Seguramente, aquí está el quid de la cuestión: el problema es que no estamos aplicando un enfoque holístico; esto es, actuamos sobre algunas variables, pero no actuamos sobre el conjunto del ecosistema y este es el gran reto al que nos enfrentamos.

 

Acerca del autor

Somos una Empresa de comunicación y gestión del conocimiento asegurador en RED dirigida a las empresas y profesionales iberoamericanos, especializada en Comunicación Corporativa, Gestión del Conocimiento, Consultoría Estratégica y Eventos para la Industria Aseguradora.

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