Identidad personal y tecnologías móviles

Identidad personal y tecnologías móviles

Comunicación, Consultoría, Formación, Eventos
IWC2018

Joan Cornet i Prat, Ex Director del mHealth Mobile World Capital, Director of European Connected Health Alliance BCN HUB

Se calcula que hay 5 mil millones de abonos de teléfonos móviles en el mundo, y de hecho más de 4 mil millones de personas que disponen de un móvil. Un 66% de transferencias de dinero se efectúan por móvil en Kenia, contra el 2% para oficinas bancarias. Hay en África 735 millones de Sims, más que Europa y Estados Unidos.

Todo comenzó el 3 de abril de 1973 cuando Martin Cooper, ingeniero de Motorola, obsesionado por encontrar la manera de llamar de forma móvil (él pensaba en instalar teléfono a los coches), desde la Avenida 6 de Manhattan llamó a su rival Joel Engel de AT&T.

Lo hizo con un aparato de un kilo y el tamaño de un ladrillo. Pero no fue hasta 1983 que se comercializó el teléfono móvil (900 gramos, 30cm con un coste de 3.995 dólares). Treinta años más tarde se democratizó (Nokia 6160, 13 cm, 165 gramos y 250 Euros) y cuarenta años después se convirtió en el llamado smartphone (2007).

Por primera vez, desde que apareció el “Homo Sapiens” se estima hace 40.000 años, los individuos pueden disponer de una herramienta de comunicación prácticamente accesible desde cualquier lugar y que se puede llevar en el bolsillo o en un bolso de mano. Una herramienta que nos hace pensar en el origen del ser humano: caminar de pie, la mano con unos dedos que permiten coger objetos y el lenguaje, los tres estrechamente vinculados al móvil. Podríamos decir que el móvil acaba con todas las máquinas porque, de hecho, las resume todas. Lo que se juega con el móvil, no es una simple cuestión de técnica; transforma nuestra manera de ver el mundo y nos cuestiona filosóficamente. Mejor será tomar la medida. (1). El hombre es naturalmente móvil, afirmaba Martin Cooper en 1973.

“Se calcula que hay 5 mil millones de abonos de teléfonos móviles en el mundo, y de hecho más de 4 mil millones de personas que disponen de un móvil. Un 66% de transferencias de dinero se efectúan por móvil en Kenia, contra el 2% para oficinas bancarias. Hay en África 735 millones de Sims, más que Europa y Estados Unidos”.

Las tecnologías móviles no son una herramienta o un gadget más, son elementos transformadores de nuestra manera de trabajar, de vivir y de disfrutar. En especial, suponen un cambio en la percepción del tiempo y del espacio. Si queremos avanzar, no nos podemos quedar con la tecnología solamente. Seguramente en los próximos años veremos más artefactos que nos permiten permanecer conectados. Ésta es la palabra clave: “conectividad”. Éste es el nuevo paradigma que vivimos sin quizá ser lo suficiente conscientes. La tecnología de la “nube” está cambiando nuestra sociedad. Vaya a donde vaya puedo acceder a toda una enorme cantidad de datos, de información y de contactos, gracias a que todo puede ser accesible en segundos.

Este nuevo paradigma va más allá, ya que la tecnología móvil supone una transformación de nuestra manera de ser en el mundo, de quienes somos, de cómo nos relacionamos con los demás y de cómo percibimos la realidad social. La virtualidad se difumina, sólo hay una realidad que es la que percibimos y que no es la misma sin la conectividad.

Las cuestiones claves no son sobre la tecnología, sino sobre nosotros, sobre el yo, nuestra identidad y cómo interactuamos con los demás.

“la tecnología móvil supone una transformación de nuestra manera de ser en el mundo, de quienes somos, de cómo nos relacionamos con los demás y de cómo percibimos la realidad social. La virtualidad se difumina, sólo hay una realidad que es la que percibimos y que no es la misma sin la conectividad”.

Está claro que no podemos hacer nada sin los demás. Nuestra dependencia es enorme. Nuestra vida está basada con las coaliciones con  otras personas que nos permiten alimentarnos sin necesidad de cuidar campos, granjas o pescar, cuidar de nuestras enfermedades, desplazarnos con artefactos que otros han fabricado y que a menudo son otros que conducen, disfrutar de energía sólo moviendo un interruptor, de vestir sin necesidad de confeccionar las prendas que usamos, acceder al intercambio económico gracias a sistemas bancarios, sin tener que recurrir al “trueque”, y así podríamos enumerar un larga lista de coaliciones humanas de las que somos dependientes.

Pero no sólo los otros nos aportan mucho a nuestra vida, también interactuando con ellos seguimos modas, formas de alimentarnos, seguir pautas culturales y de expresarnos y comportarnos socialmente.

La conectividad transforma nuestra forma de dependencia, con una mayor capacidad de ser más autónomos, pero también más solidarios, y tener más impacto en el conjunto de nuestra sociedad.

La pregunta “¿quién soy yo?” se convierte en una cuestión clave de la conectividad. El yo se puede definir más aún o quedar desdibujado o incluso convertirse en muchas personalidades en función de las situaciones. Un primer escollo es cómo definimos la identidad personal hoy.

La identidad permite concebir al individuo como un proceso continuo y cambiante, abierto al entorno social. El individuo estructura su yo mediante intercambios identitarios con lo que lo rodea, interiorizando modelos e imágenes. La conectividad pone en cuestión las identidades, y al mismo tiempo obliga a plantearnos cuál es el impacto de nuestra identidad en el seno de mi yo y en la comunidad conectada, así como analizar el impacto que tienen los intercambios en la mi identidad.

El hecho de saber a uno mismo como sujeto está intrínsecamente ligado a la certeza de la coexistencia de otros sujetos, al mismo tiempo que con el rapport práctico con estos otros sujetos. Es primero con Fichte y más tarde con Hegel que la unidad de conciencia de uno mismo es redefinida a partir de la relación con el otro. La idea de intersubjetividad es condición necesaria y suficiente de la subjetividad así como la idea de intersubjetividad pasa por la relación práctica con el otro (2).

El deseo aparece como la primera figura de la conciencia de uno mismo. En el deseo, la conciencia se pone como elemento esencial en el detrimento del objeto, en asimilando a un mismo este objeto, pero paradójicamente el deseo es posible cuando el otro / objeto se resiste y manifiesta su autonomía.

En el fondo el yo del otro no es para mí más exterior que mi yo, por eso no tiene que ser tan difícil de acercarse. En todo caso mi yo no es más seguro de mi conciencia que los “yo” de los demás seres humanos. Solo es más íntimo.

Mi ser en el mundo me conlleva la evidencia de la relación de la conciencia con el cuerpo. Mi cuerpo me sumerge en un mundo que no puedo escapar y él me da el sentimiento de comunidad y la proximidad a otros yo / cuerpo.

Pero no podemos avanzar sin tener en cuenta las relaciones que existen entre mente y conciencia. Hemos superado a Descartes que nos dividió entre mente y cuerpo. La mente no es una cosa, mente y conciencia es un proceso interactivo complejo. Gregory Bateson en 1960 ya pone en marcha en concepto de “proceso mental”, más adelante Humberto Maturana y Francisco Varela apostaron por la identificación de la cognición, el proceso del conocer, con el proceso de la vida. La cognición es una actividad involucrada con la auto generación y la auto perpetuación de las redes vivas (3). Así pues, hay un vínculo estrecho entre cognición y vida. La cognición implica el proceso de la vida, incluyendo percepción, emoción y conducta.

Es preciso, pues, adentrarnos en cómo la conectividad y en especial las tecnologías móviles están transformando nuestras percepciones, emociones y conductas, nuestra identidad y el rol que juega el otro en un mundo global y sumergido a unos cambios vertiginosos. Éste será el objeto de otro artículo.

“Es preciso, pues, adentrarnos en cómo la conectividad y en especial las tecnologías móviles están transformando nuestras percepciones, emociones y conductas, nuestra identidad y el rol que juega el otro en un mundo global y sumergido a unos cambios vertiginosos. Éste será el objeto de otro artículo”.

Por Joan Cornet. Director European Connected Health Alliance. Barcelona HUB.

(1) Maurizio Ferrari. T’es où? Ontologie du téléphone Mobile. Albin Michel 2005

(2) F. Fschbach. Fichte, Hegel. La reconaissance, p. 66). Presses Universitaires de France – PUF, 1999.

(3) HR Maturana and FJ Varela. Autopoiesis and Cognition: The Realization of the Living (Boston Studies in the Philosophy of Science, Vol. 42. 1980)

Acerca del autor

Somos una Empresa de comunicación y gestión del conocimiento asegurador en RED dirigida a las empresas y profesionales iberoamericanos, especializada en Comunicación Corporativa, Gestión del Conocimiento, Consultoría Estratégica y Eventos para la Industria Aseguradora.

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