La Presidenta de Unespa opina sobre el Estado del bienestar

La Presidenta de Unespa opina sobre el Estado del bienestar

v1_Pilar Gonzalez de Frutos - pres identa de UNESPA - 2017 - 01COI. Próximamente se va a celebrar un importante congreso sobre el Estado del Bienestar, por qué cree Vd que es ahora un momento oportuno para discutir acerca de estos temas?

PGF. Los temas que aborda el Congreso sobre el Estado del Bienestar están de plena actualidad. La prolongación de la esperanza de vida tiene importantísimas repercusiones sobre la jubilación y las pensiones, así como en la salud y la dependencia. Otros asuntos que aborda el congreso son la innovación tecnológica, la transformación digital y el big data. Esto es igualmente oportuno, pues estos elementos se están convirtiendo en herramientas que permiten abordar los desafíos que conlleva el envejecimiento de la población. Ciertamente, creo que este congreso está muy bien enfocado y es más que pertinente.

COI. ¿Cuáles cree usted que son los retos y oportunidades más relevantes que debe enfrentarse la industria aseguradora y de pensiones en relación con el envejecimiento de la población?

PGF. El envejecimiento de la población genera tres grandes desafíos para la sociedad en su conjunto. Esto incluye, como es lógico, a la industria aseguradora, pero va más allá.

“Ciertamente, creo que este congreso está muy bien enfocado y es más que pertinente”

En primer término está la presión demográfica propiamente dicha. El alargamiento de la esperanza de vida y la reducción de la natalidad en Occidente a lo largo de la segunda mitad del S. XX y del S. XXI ha sido fruto de un cúmulo de cambios sociales y económicos. Esta dinámica, que se puede observar en prácticamente todo el mundo desde ya principios del siglo XIX, ha tenido la consecuencia en las últimas décadas de estrechar en exceso la relación existente entre personas activas y pasivas. El resultado es que el sistema queda sometido a tensiones financieras que es necesario equilibrar para consolidar su solvencia, esto es, su capacidad de pago presente y futura.

El segundo problema que emerge con el envejecimiento de la sociedad afecta a la productividad. El sistema de pensiones público es un sistema de reparto, y eso quiere decir que su base es un pacto intergeneracional por medio del cual los ciudadanos que trabajan se comprometen a entregar una parte de sus ganancias, es decir, a financiar con una parte de su productividad, las prestaciones que cobran los que no están activos. La evolución demográfica, como he dicho, plantea ya un primer reto, puesto que la relación entre los que pagan y los que cobran tiende a deteriorarse. Pero aquí está el segundo problema, porque la lógica interna de un sistema de reparto exige que, además, la productividad crezca de forma regular, crecimiento que, al comunicarse a los salarios, hace que la carga derivada de pagar las pensiones no se agrave.

El sistema de pensiones, por lo tanto, necesita, para ser coherente y estable, que los hijos ganen más que los padres. Y este es un escenario que la crisis económica que acabamos de vivir ha puesto en duda. La productividad no necesariamente avanza porque hay periodos en los que los salarios se deprecian: bien a través de devaluaciones de la relación de cambio de la moneda, bien, en entornos como el nuestro en los que no se tiene plena soberanía sobre dicha moneda, reduciendo directamente los salarios para conservar o mejorar la competitividad.

En suma, tanto el desplazamiento de la longevidad como la volatilidad de la productividad plantean retos de sostenibilidad que, en la práctica, provocan que, en España como en cualquier otro país de nuestro entorno, el sistema de reparto deba ajustarse o reformarse en la dirección de ser algo menos generoso. ¿Tenemos con ello que resignarnos a cobrar menos, a vivir peor? Pues no.

Hay una solución a todo esto: la creación de sistemas complementarios de previsión social de capitalización. En otras latitudes este es un tema aceptado hace largo tiempo. En muchos países de nuestro entorno se considera algo natural que uno disponga en el trabajo de un esquema de ahorro y se ve lógico que tanto el empresario como el trabajador efectúen aportaciones periódicas al mismo. En España, lamentablemente, el debate está en un estado mucho más prematuro y hay quien ve en la creación de este tipo de soluciones una “privatización de las pensiones”. Debo decir que eso me parece un juicio muy errado, pero qué duda cabe que queda camino por recorrer en materia de pedagogía sobre qué significa y cómo se puede articular la previsión social combinando esquemas de reparto y de capitalización.

“¿Tenemos con ello que resignarnos a cobrar menos, a vivir peor? Pues no. Hay una solución a todo esto: la creación de sistemas complementarios de previsión social de capitalización”.

COI. Sobre su participación en Congreso Internacional Estado del Bienestar17, ¿nos puede adelantar algo sobre los puntos más relevantes de la reforma del sistema de pensiones que respalda UNESPA?

“Sólo extendiendo los esquemas de previsión social complementaria se podrá garantizar que la población sénior viva con holgura económica y sea próspera. Sólo generalizando estos instrumentos de ahorro se podrá evitar una sociedad donde haya jubilados de primera (los que ahorraron mientras trabajaban) y jubilados de segunda (aquellos a los que su empresa no les dio tal oportunidad)”.

PGF. Desde UNESPA defendemos la necesidad de construir pilares complementarios de previsión social. Muy especialmente en el ámbito de las relaciones laborales. A principios de año tuvimos la suerte de comparecer ante la Comisión del Pacto de Toledo del Congreso de los Diputados donde expusimos las razones por las que consideramos necesario constituir un sistema de ahorro de adscripción por defecto a la inglesa (soft-compulsion) en todas las empresas españolas. Actualmente, sólo los empleados de grandes multinacionales y de antiguos monopolios estatales disfrutan de instrumentos de ahorro para la jubilación en el marco de su relación laboral. Nuestra propuesta es extender este tipo de soluciones a la gran masa de trabajadores. Recordemos que la inmensa mayoría de la gente trabaja para una pyme. Sólo extendiendo los esquemas de previsión social complementaria se podrá garantizar que la población sénior viva con holgura económica y sea próspera. Sólo generalizando estos instrumentos de ahorro se podrá evitar una sociedad donde haya jubilados de primera (los que ahorraron mientras trabajaban) y jubilados de segunda (aquellos a los que su empresa no les dio tal oportunidad).

Un sistema de adscripción por defecto establece la obligatoriedad de todo trabajador de pertenecer a un esquema de ahorro, si bien respeta su libertad final de salirse del mismo. Es, por lo tanto, un esquema que respeta a fondo la soberanía de cada entorno pero, al mismo tiempo, allí donde se ha aplicado ha demostrado una notable capacidad de generación de ahorro nuevo. La adscripción por defecto, en todo caso, puede y debe combinarse con esquemas de subvención condicionada en los cuales el gesto del trabajador de ahorrar activa automáticamente el gesto de un tercero, sea éste su empresario o el Estado, de complementar dicho ahorro con una nueva aportación.

Acerca del autor

Somos una Empresa de comunicación y gestión del conocimiento asegurador en RED dirigida a las empresas y profesionales iberoamericanos, especializada en Comunicación Corporativa, Gestión del Conocimiento, Consultoría Estratégica y Eventos para la Industria Aseguradora.

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