Emprendimiento, Mujeres y Hombres: Una asignatura pendiente en Europa

Emprendimiento, Mujeres y Hombres: Una asignatura pendiente en Europa

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Tontxu CamposDr. José Antonio Campos, Director de Deusto Entrepreneurship Center

Los datos son concluyentes, según la Comisión europea, aunque el 52% de la población europea son mujeres, solo un tercio de las personas europeas emprendedoras (40,6 millones) son mujeres (11,6 millones), aunque las cifras mostrarían cierta esperanza (en el período 2003-2012, sobre el colectivo total de personas emprendedoras, las mujeres ganaron peso en un 2,4%, pasando del 26,1% al 28,5%).

El estudio publicado en 2014[1] (realizado sobre los 28 estados miembro+9 estados más y basado en datos de 2012), señala que los países con el porcentaje más alto de emprendimiento femenino sobre el total de personas emprendedoras son Grecia, Albania, Portugal, Italia y Croacia y aquellos con los ratios más bajos son Noruega, Estonia, Dinamarca, Liechtenstein y Suecia (Alemania no se encuentra lejos de estos últimos). Dejamos a las personas que lean este artículo que saquen conclusiones.

“Los datos son concluyentes, según la Comisión europea, aunque el 52% de la población europea son mujeres, solo un tercio de las personas europeas emprendedoras (40,6 millones) son mujeres (11,6 millones), aunque las cifras mostrarían cierta esperanza (en el período 2003-2012, sobre el colectivo total de personas emprendedoras, las mujeres ganaron peso en un 2,4%, pasando del 26,1% al 28,5%)”.

Si bien la mayor parte de las personas emprendedoras se encuentran en régimen de autoempleo, este es ligeramente superior entre las mujeres (78%) que entre los hombres (71%) y, por ello, al revés sucede con el emprendimiento “empleador”: 22% entre las mujeres, y 29% entre los hombres.

El porcentaje de mujeres emprendedoras (31%) a tiempo parcial es casi tres veces superior al de los hombres (12%), y los estados con porcentajes más altos de emprendimiento femenino a tiempo parcial son Holanda (64%) y el Reino Unido (54%), mientas que lo contrario sucedería en Bulgaria (5%), Montenegro (5%) y Eslovaquia (4%).

Por sectores, las mujeres son mayoría en salud y actividades de trabajo social (60%), otras actividades de servicios (59%) y educación (55%).

Si el análisis lo hacemos sobre población activa, el porcentaje de mujeres emprendedoras (10%) es la mitad que el de hombres (20%), y en este caso, los sectores en los que las mujeres y los hombres emprenden de forma mayoritaria son los mismos (aunque con diferencias en cada uno): sector primario; otras actividades de servicios; actividades profesionales, técnicas y científicas; artes, ocio y actividades recreativas y sector inmobiliario.

En relación a las variables que definen el emprendimiento femenino y masculino, la edad no parece indicar diferencias apreciables entre uno y otro colectivo, mientras que el nivel educativo sería superior entre las mujeres (33% tendrían estudios terciarios frente al 24% de los hombres); por otro lado, el número de horas a la semana que dedican las mujeres a su empresa es un 20% menor que el que dedican los hombres (36,4 horas frente a 44,3 horas).

Entre los factores que explicarían el emprendimiento femenino, el estudio ofrece diversas conclusiones derivadas del análisis estadístico, aunque algunas, sin embargo, chocarían contra el “sentido común”:  el nivel de desempleo correlacionaría muy positivamente con el emprendimiento femenino y con la creación de empresas “por necesidad” (en lugar de “por oportunidad”); los beneficios sociales del desempleo correlacionarían negativamente con el emprendimiento femenino,  el nivel de bienestar (PIB per capita) correlacionaría de forma ligeramente negativa con la tasa de emprendimiento femenina y la confianza en la gente correlacionaría de forma significativamente negativa con el ratio de emprendimiento femenino; el estudio no descubrió correlación alguna ni con la existencia de barreras financieras, ni con el nivel de autonomía laboral ni tampoco con la desigualdad de género (índice PNUD).

Hasta aquí los datos y a partir de aquí las propuestas. Las mías parten de los informes “macro” y de mi experiencia “micro”, aunque las someto al buen juicio de quienes lean este texto.

Es urgente en Europa incrementar el número de personas emprendedoras para mejorar (recuperar) el Estado de Bienestar y reducir la desigualdad social.   Sin embargo, los datos parecen demostrar que a mayor nivel de desarrollo menor nivel de emprendimiento, por lo que el primer reto es convencer a la población que el emprendimiento es necesario también en sociedades avanzadas. Esto implicaría aumentar el porcentaje de personas emprendedoras “por oportunidad”, por lo que educar en la asunción responsable del riesgo y el establecimiento de mejores instrumentos de  gestión del riesgo deben ser prioridades para Europa.

“Es urgente en Europa incrementar el número de personas emprendedoras para mejorar (recuperar) el Estado de Bienestar y reducir la desigualdad social”

Si consiguiéramos que las mujeres emprendieran en el mismo porcentaje que los hombres, una gran parte del reto estaría resuelto. Para ello, necesitamos un gran apoyo familiar (emprender es cosa de todas las personas, no solo de los hombres) y de las instituciones formales e informales en las que nos socializamos hombres y mujeres.

Además, las personas necesitamos “role models”, así que es necesario visibilizar en mayor medida a las mujeres emprendedoras en nuestra sociedad.

Aunque en el colectivo de mujeres emprendedoras parece darse mayor nivel formativo que en los hombres, parece que las mujeres estarían infrarrepresentadas en los ámbitos vinculados a las carreras CTIM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Medicina); los Estados Unidos cuentan con algunas iniciativas en este ámbito dirigidas especialmente a mujeres que podrían servirnos de inspiración.

Aunque el estudio citado no parece detectar problemas en el ámbito de la financiación, si el reto consiste, en gran medida, en aumentar el número de mujeres emprendedoras es necesario cambiar la mentalidad de quienes gestionan los recursos financieros en instituciones financieras y e instrumentos de capital-riesgo. Hasta que esto se consiga, podría ser buena idea diseñar fondos dirigidos específicamente a promover el emprendimiento femenino.

“Necesitamos un gran apoyo familiar (emprender es cosa de todas las personas, no solo de los hombres) y de las instituciones formales e informales en las que nos socializamos hombres y mujeres”

La conciliación familiar es otro reto social, por lo que el diseño de estructuras organizativas y métodos de trabajo innovadores debiera contemplar también este objetivo social (y no solo la eficiencia o la rentabilidad), que podría ser trasladado al ámbito emprendedor. Las TIC seguramente nos pueden ayudar.

Por último, las Instituciones Públicas son un partner necesario pero no suficiente. O es el conjunto de la sociedad quien asume el reto, o seguiremos como estamos.

[1] Panteia for the European Commission (2014): Statistical Data on Women Entrepreneurs in Europe. http://ec.europa.eu/DocsRoom/documents/7481/attachments/1/translations. Consultado el 19 de marzo de 2017.

Acerca del autor

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